Para qué (me) sirve el Latín (y el Griego)

Entrada publicada el 29 de enero de 2013 aquí.

Desde hace mucho tiempo, los amantes del Latín y del Griego nos empeñamos en tratar de convencer al mundo de las bondades de estas dos lenguas con afirmaciones tan válidas como inútiles: que si sirven para «estructurar» mejor el pensamiento, que si ayudan mucho en el aprendizajes de otras lenguas (romances y alguna no romance también), que si es muy útil para los nombres científicos, que si … La pregunta «¿Para qué sirve?» nos aplasta siempre, nos pongamos donde nos pongamos.

Como consecuencia de ello, desde hace bastante tiempo, mucho tiempo, no pierdo el mismo tratando de que el asno saboree la miel que se le ofrece (aquí solo aludo al conocido refrán, sin más connotaciones).

Sin embargo, Homo sum y vuelvo, cual Sísifo, a intentar subir la piedra de nuevo a la cúspide de la montaña, aún a sabiendas de que, posiblemente, seguramente, ciertamente, volverá a caer rodando por la ladera y esta vez puede ser que hasta me pase por encima. Me da lo mismo.

Ahora bien, nadie espere razones tan sesudas como las aludidas en el primer párrafo. Voy a hacer una lista con razones propias que, de ninguna manera, pretenderá responder a la tan odiada y odiosa pregunta ¿Para qué sirve?
Una lista que no doy por finalizada y que, si lo creéis conveniente, podéis ayudarme a completar por medio de los comentarios. El orden de las afirmaciones tampoco indica relevancia alguna.

Para qué me sirven el Latín y el Griego:

  1. Para ser mejor con mis semejantes.
  2. Para que los demás crean que soy más listo de lo que soy.
  3. Para saber que no soy tan listo como los demás creen que soy.
  4. Para que me miren como un bicho raro.
  5. Para presumir utilizando latinismos y expresiones latinas correctamente.
  6. Para reírme de los que usan latinismos y expresiones latinas incorrectamente.
  7. Para sentirme privilegiado.
  8. Para entender a Homero o Virgilio en toda su plenitud.
  9. Para ver impresionantes historias donde los demás sólo alcanzan a ver piedras y ruinas.
  10. Para sonreír cuando se habla de obras actuales de cualquier tipo «con originales argumentos» que, en realidad, no esconden más que otra revisión del mito.
  11. Para indignarme cuando veo que no hemos aprendido nada del pasado.
  12. Para reírme en vida de la vida (y de la muerte).
  13. Para intuir que enfermedad padezco gracias a la etimología. Esto no siempre es bueno.
  14. Para quedarme estupefacto ante el nombre de algunos locales y productos con nombre grecolatino.
  15. Para comunicarme, en ocasiones, en twitter con mensajes que sólo pueden ser entendidos por un reducido grupo de también privilegiados.
  16. Para no preguntar idioteces como la de “¿Para qué sirve el Latín?”
  17. Para gozar haciendo jornadas de convivencia con colegas.
  18. Para disfrutar más intensamente de cualquier cosa que leo y, en especial, de la poesía llevado de la mano de la Etimología.
  19. Para sentirme totalmente realizado en todos los aspectos cada vez que consigo que mis alumnos se queden con la boca abierta.
  20. Para sentirme totalmente realizado en todos los aspectos cada vez que mis alumnos me dejan con la boca abierta.
  21. Para maldecir a quien haya que maldecir con vocablos que el ignorante puede percibir incluso como halagos.
  22. Para llevar un decente nivel de vida, sin que nadie me haya tenido que regalar nada y sin tener que engañar a nadie.
  23. Para saber que no hay nada nuevo bajo el sol.
  24. Para tratar de no hacer una tragedia del acto más insignificante.
  25. Para intentar convencer cada año a alumnos, padres y compañeros de que la opción de Humanidades no lanza a sus hijos al profundo Hades.
  26. Para saber que nada es verdad ni mentira totalmente.
  27. Para saber, antes que nadie, que el Papa Benedicto XVI ha renunciado.
  28. Para saber quién es un idiota y quién un hipócrita.
  29. Para acertar respuestas de concursos varios.
  30. Para saber que “Ser un buen Anfitrión” no es necesariamente un halago.
  31. Para no confundir “troyanos” con “griegos” cuando se habla de programas informáticos que se introducen ocultamente en nuestros dispositivos.
  32. Para quitarme pesados de encima.
  33. Para tener Esperanza mientras siga respirando.
  34. Para conocer nuevos lugares y nuevas gentes que, de otra manera, posiblemente nunca hubiera conocido.

Salutem plurimam!

2 comentarios sobre “Para qué (me) sirve el Latín (y el Griego)

  1. Gracias por refrescarnos la memoria con este estupendo elenco de hace un tiempito ya, pero que sigue vigente, faltaría más. Déjame el número 33, que es un número bien bonito: la edad en que murieron Jesucristo y nuestro Alejandro Magno. Pues yo digo, DUM SPIRO, SPERO, y me lo digo en latín que parece que respiro mejor y tengo más esperanza. En su día ya hice algún comentario a esta entrada. El latín y el griego no me sirven para nada, en realidad, porque no son útiles en absoluto. Útil es saber arreglar la lavadora, o plantar hortalizas y hacerlas crecer. Pero lo inútil es muchas veces bueno, porque es kalós y agathós. ¿Verdad? Repito lo de hace tres años: el latín y el griego son útiles para mí para tener un pensamiento sano y un ocio rico, para gozar con la dimensión que me da el pasado y me acerca más al presente, para ser idealista, tener ideas e ideales, para descubrir la bella inutilidad de la naturaleza y de las personas, del arte y de las letras que escriben los que tienen almas especiales. Un abrazo, querido Juan.

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